sábado, 11 de octubre de 2025

Irene Gruss, en Solo de contralto El jardín

 Irene Gruss, en Solo de contralto

El jardín


¿Estás cansada del viaje, Diana? 

¿Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol 

en tu jardín, fuiste allí 

rápidamente, pausadamente? 

¿Echaste una ojeada a las plantas 

o mirás cada una, sabiéndola, 

descubriéndola, cuidás 

tu jardín, hablás, cantás con 

la regadera en la mano? 

¿Estás cansada de vuelta del viaje, 

Diana? ¿Estás contenta? 

¿Alguien te acarició, jugó otra vez 

con tu melena de fénix, 

te besó los párpados 

como quien desea tocar 

una mirada así de azul, de gris 

según el tiempo? ¿Fuiste feliz, 

Diana? ¿Intenso y duro, el viaje? 


¿Acomodaste la cabeza en el asiento del avión?, 

¿descansaste? 

¿Estás repleta de memoria, de sentidos 

por el viaje, Diana? 

¿Comerías conmigo para contarme? 

¿Pasaste hambre en la estadía, 

Diana, pasaste hambre? 

¿Te embriagaste? ¿En algún momento 

llegaste a marearte por el viaje? 

¿En algún momento, sentiste 

esa nada en la boca 

del estómago, ahí donde dicen que 

está el alma? ¿Llenaste 

con qué esa nada, con la gente, 

con las cosas, tuviste 

necesidad? ¿Observaste 

la vida tranquila? ¿Así, como te veo 

ahora, calma 

y sabihonda? ¿Conociste 

la muerte en el viaje, 

Diana? ¿Te asustó, la asustaste? 

¿Trajiste fotos, postales, 

documentos?, ¿abrazaste a 

muchos, te abrazaron? 

¿Gozaste, tradujiste el amor 

loca de deseo? ¿Hablaste demasiado, callaste 

demasiado? ¿Por qué 

estás diciéndome 

que escribir es lo único 

que tenemos? ¿Estás 

cansada, es por eso, porque 

estás cansada del viaje? ¿Querés 

dormir, recostarte en un hombro, 

querés reír, llorar un 

poco? ¿Acaso el viaje mismo 

no te consuela, 

Diana? ¿No es como el tacto 

de otra mano, no lo es, verdad? 

¿Comerías conmigo para 

contarme? 

¿Ya floreció la rosa 

en tu jardín? ¿Es tan bella? 

¿Los pétalos reventaron 

plenos de vida, la vida es 

púrpura después de un viaje, 

Diana, 

es así? 

lunes, 18 de agosto de 2025

martes, 4 de febrero de 2025

El subte

Salió apresuradamente al frío de la noche que cortaba el aire como un cuchillo dando un golpetazo con la puerta de entrada de la casa. Las llaves habían quedado adentro, coronando el día con mala suerte, pero ella todavía no lo sabía. Aborda la boca del subte con decisión; no tiene tiempo para plantearse otros caminos posibles. No miró a nadie mientras bajaba las escaleras, ni tampoco al llegar a la estación; mientras tanto, a ella la miraban hombres y mujeres, con envidia o con deseo. Aunque su figura destacaba más por su aura que por su forma, su aire de ensueño soporífero derribaba todos los preconceptos de belleza de nuestra cultura.


 

 

Se sentó en el único asiento que quedaba libre en el andén, al lado de un viejito que le sonrió con los ojos. Abrió su mochila. Llevaba consigo algunos libros y unas libretas, pobladas de recursos y de recuerdos, surcadas con algunos colores destacados y una tinta siempre violeta para el trazo seguro y constante con el que dejaba asentados sus sentimientos, horadando los renglones con ávida pasión. Su escritura de pluma ficticia alimentaba a veces sus vastos temores pues descubría, en su ejercicio, la profundidad de la sombra de su alma. Ponía frecuentemente en tela de juicio sus ideales, y deconstruía tan fieramente su identidad a cada paso que no quedaban de ella más que los rastros de su propia penumbra.