Apareció caminando como desorientada,
a pesar de que sus ojos revelaban un anclaje al mundo más cierto que
el de los otros mortales. Se sonreía para sí de forma casi
imperceptible, en un disfrute gozoso que posiblemente fuera
intransmisible.
Usaba las uñas cortas, y pese a que
era muy bella, no realzaba ninguno de sus atributos femeninos con
vestimenta o adorno de ninguna clase.
Sus pantalones holgados tipo Oxford
reforzaban esta idea de estar más allá de todo; una dejadez
deliberada que gritaba en silencio su libertad.
Sus zapatillas, llenas de pintura
artística, me recuerdan a otra chica sumida también en el éxtasis
de la vida, que rompía con la buena presencia convencional, como si
ésta fuera suficientemente desdeñable como para enfocarse en esos
asuntos.
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